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La Casa Blanca

Texto y Proyecto by Nerea

La Casa Blanca

Por estas fechas se cumplen 10 años de mis comienzos en el mundo de la decoración. Esto, además de servirme para deprimirme con eso de «ay que vieja soy», me ha llevado a reflexionar sobre cómo han cambiado las cosas en todo este tiempo. Por que por mucho que digan que ciertos ejercicios de interiorismo son atemporales y pueden resistir el paso de las modas, no tengo muy claro esto no sea más que un cuento chino. Si bien es cierto que hay piezas clásicas de mobiliario que permanecen inalterables, como los diseños de Mies o Aalto, o otras que con cierta periodicidad sufren un revival, como el caso actual de la silla Tolix… en la gran mayoría de los casos no sucede así.


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Cuando empecé a trabajar en este sector, el cerezo seguía siendo el rey de las maderas. Empezaban a despuntar el wenge y el roble blanqueado como novedades. Después llegaron el ceniza azulado y el nogal, para terminar años después en el boom de la laca blanca. Hoy en día vuelven los robles naturales, las lacas brillo de casi cualquier color imaginable y los lacados a poro abierto en tonos neutros. Y todo esto en 10 años. Y eso por sólo mencionar los acabados, en cuanto a las formas y diseños pasa exactamente lo mismo.


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Si hace un tiempo los armarios rincón con terminales zapateros o de puertas japonesas eran lo más novedoso, hoy en día podemos encontrar armarios coplanares o incluso piezas que combinan el sistema de correderas y bisagras en una misma estructura. O camas que parecen estar suspendidas en el aire e incorporan cabeceros volados colgados de la pared. Lo mismo ocurre con los muebles de cocinas o baños que actualmente priorizan la calidad de sus herrajes con guías de freno y amortiguadores, sistemas de persiana o módulos a pared con aperturas en guillotina. Y todo ello sin descuidar unos diseños de líneas limpias y prácticas.


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Si con 21 años me llegan a hablar de un aparador de puertas coplanares, imagino mi cara de idiota diciendo «¿copla qué?». Por aquel entonces yo andaba perdida en el mundo del color y me fascinaban los sofás de colores fuertes y las paredes en tonos verde oliva. Si ahora pienso en muchos de mis diseños de aquel entonces, siento como cierto reparo en reconocer que fui capaz de diseñar algo así. Claro que si pienso en la ropa que llevaba por aquel entonces también me pasa lo mismo. Bueno a mí, y a todo el mundo, supongo. Es lo que tiene la moda. Que se pasa, va y viene, o quizás se vaya para no volver.


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Por todo esto, últimamente huyo del color e intento basar mis diseños en el blanco. Un tono clásico y tradicional, que combina con superficies y materias naturales como la madera. Este color además de agrandar visualmente el espacio, también realza la luz y aporta luminosidad. Si bien colocar los muebles en blanco no nos va a librar de que las formas del mismo se desactualicen, al menos si nos permitirá jugar con los complementos de textiles y accesorios. O con los colores y terminaciones de paredes y suelos pudiendo renovar de esa manera el aspecto final de cualquier habitación. Usar el blanco en la decoración de nuestra casa es un manera sencilla de asegurarnos de que el resultado final pueda actualizarse cada cierto tiempo según las tendencias y colores de moda del momento.


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