Un apartamento en la playa
Por fin llegó el verano y con él, su montaña de preguntas transcendentales: ¿playa o pantano?, ¿cucurucho o tarrina?, ¿alquilar un apartamento o ir a un hotel?. Como hasta ahora no he conseguido encontrar ningún hotel que me permita acceder a él con mi mascota a precios razonables… (y es más, empiezo a pensar que su existencia debe ser una especie de leyenda urbana a lo «cocodrilos de Nueva York»), al final siempre me decanto por reservar una casita en alguna zona playera. Logrando así, que mi perrita, pueda tener también unas merecidas vacaciones.
Los apartamentos en la playa son espacios que deberían ser concebidos como segundas residencias, ideados para fomentar el relax y la tranquilidad. La clave de su decoración debe basarse en la sencillez, esto es, intentar prescindir de todo lo que no es esencial. Crear espacios cómodos, llenos de luz y con mobiliario sencillo que inviten al descanso, al menos… al descanso visual. Utilizando mobiliario en maderas o materiales lacados en tonos claros, se logrará ese efecto joven y refrescante, ideal para estas casas veraniegas. Personalizar las estancias con pequeños detalles como jarrones, cuadros o espejos y ayudarse de los textiles de tejidos ligeros y colores claros, también puede ser una buena manera de darle un toque único a nuestro apartamento.
La mayoría de estas casas cuentan con una terraza, generalmente con vistas al mar o a una piscina, que tienden a convertirse en el punto de reunión de toda la familia. Un espacio ideal para disfrutar de la brisa y el buen tiempo y en donde se terminan realizando casi todas las actividades del día. Desde el desayuno hasta la cena, pasando por partidas de cartas, charlas con los amigos o competiciones de Trivial.
Además una constante en este tipo de casas es la escasez de espacio y las reducidas dimensiones de las mismas. Apostando por una distribución de estancias abiertas, en las que el salón, comedor y cocina compartan el mismo ambiente, aprovecharemos hasta el último metro de nuestro apartamento. Un recurso simple para aportar amplitud, es unir la cocina al salón realizando cierres con puertas correderas en vidrios transparentes. De esta manera podremos cerrar o unir los espacios a nuestro antojo sin que por ello perdamos amplitud visual. También podemos convertir el salón en un cuarto de invitados ayudándonos de un sofá-cama y mesas de centro o pouffs con ruedas que permitan una rápida movilidad de los mismos.
Todo esto es la teoría, porque a la hora de la verdad, estos apartamentos concebidos para ser alquilados no suelen ajustarse exactamente a lo anteriormente citado. Si bien es cierto que en la mayoría, la sencillez y las líneas simples imperan… lo más habitual es encontrarse con muebles de hace 50 años, cocinas mal distribuidas y armarios desvencijados con tres perchas corroídas. Por no hablar de esa tendencia o moda, casi diabólica, que lleva a colocar sofás-cama de poli-piel en el salón, que con los calores del verano hacen que se nos despellejen los cuartos traseros. Aunque ¿qué más da?… Al fin y al cabo…¡¡¡ya es verano!!!





