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La Buhardilla

Texto y Proyecto by Nerea

La Buhardilla

Hace un par de años salí con un hombre que vivía en una buhardilla. Pero tuve que dejarle porque aquello me producía un montón de dolores de cabeza, y no por las discusiones, sino porque cada vez que iba a visitarle me golpeaba con alguna de las vigas. Y supongo que a la larga uno termina acostumbrándose, memorizando las distancias y evitando pasar por las zonas más bajas… pero hay que reconocer que las primeras veces que uno pone un pie en estas viviendas el golpetazo se lo lleva casi seguro. Aún así, este tipo de casas con techos inclinados tienen un encanto peliculero que me vuelve loca. No puedo poner el pie en una y no acordarme de Jack Lemmon tapando con periódicos las ventanas de la buhardilla de Irma la Dulce o de Peter Pan colándose por el tragaluz para visitar a Wendy y compañía.


La Buhardilla

La decoración de este tipo de espacios está condicionada por la inclinación de los techos. Lo ideal es colocar las zonas de paso en las de mayor altura y dedicar las de menor a almacenaje, mediante módulos bajos o elementos de suelo. Otra de los factores a tener en cuenta es que la luz no penetra de manera uniforme en todos los rincones, por lo que se debe estudiar cuáles son los puntos que necesitan ser matizados y cuáles potenciados con iluminación extra. Si además nuestro techo es de madera o tiene cabios y vigas vistas, es posible que notemos cierta sensación de claustrofobia, que puede paliarse mediante la utilización de colores claros y poco contrastados.


La Buhardilla

Una de las cosas que menos me convencen de estos espacios es que casi siempre se tiende a usar una decoración rústica en ellos. Principalmente por algo tan personal como que ese estilo no me apasiona demasiado. Pero tampoco creo que ese tipo de muebles de líneas pesadas y texturas cargadas vaya bien en este tipo de habitaciones tan particulares. Muchas veces lo único que se consigue es sobrecargarlos y que no haya un solo punto focal que nos permita descansar la vista. Me parece mucho más acertado usar un tipo de mobiliario ligero y de líneas sencillas que agrande visualmente el espacio. Y no necesariamente hay que recurrir a líneas modernas o minimalistas, podemos emplear mobiliario un poco más bohemio o quizás piezas vintage para crear espacios únicos y diferentes. Aunque evidentemente es cuestión de gustos, pero a mí al menos, eso de convertir nuestro piso de ciudad en una casa rural con encanto me parece cómo mínimo raro.


La Buhardilla

La verdad es que las buhardillas, más allá de los coscorrones, tienen ese toque romántico, cálido y acogedor a los que es casi imposible resistirse. Y da lo mismo que te asomes a la ventana y sólo veas un patio de vecinos lleno de ropa secándose al sol… Es como si los techos inclinados te transportaran mágicamente a los tejados de Montmartre y de repente se fuera a colar un gato negro entre las cortinas. O no. Es que ya lo he dicho antes, soy un poco peliculera.


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