Gajes del Oficio
Texto y Proyecto by Nerea
Una de las curiosidades de mi profesión es que cuando conoces a alguien y surge el tema de las respectivas ocupaciones laborales, siempre temo ese momento en el que tengo que confesar que soy decoradora, porque inmediatamente ves como a tu contertulio se le ilumina la mirada. Todos tienen un montón de dudas y preguntas que hacerte: un piso recién entregado para distribuir, un salón al que quieren darle un aire nuevo, una duda sobre gamas cromáticas. A lo mejor a los dentistas les pasa lo mismo, que la gente les abre las fauces a un palmo de la cara cual león de la sabana y les interrogan sobre si esa muela que les fastidia últimamente está careada o no. También es curioso cómo cuando vas de visita a la casa de algún conocido, la gente se afana en enseñarte todas y cada una de las habitaciones para que valores cómo han decorado su hogar. Y es ahí dónde surge mi conflicto interior… ¿soy sincera o no? Porque claro, una cosa es decirle a un cliente al que no te une ningún tipo amistad que lo mejor que se podría hacer con esa boiserie de nogal es leña y otra muy distinta decirle algo semejante a alguien al que aprecias. Y estaría genial ponerme un disfraz a lo Judas Iscariote y alabar la osada combinación de ese chaisse longue rojo con la pared turquesa o el toque ecléctico que aporta a la decoración del salón ese cuadro del abuelo jurando bandera tuneado a lo Warhol. Pero es que no me sale. Así que me toca poner cara de circunstancias y cómo mucho hacer pequeñas y educadas insinuaciones.
El caso es que cuando estudiaba decoración imaginaba mi futuro realizando proyectos de interiorismo para enormes mansiones llenas de cemento y muebles italianos. Salones a doble altura, cocinas como campos de fútbol, dormitorios con vestidores del tamaño de la sección de señoras del Corte Inglés. Todo ello rodeada de gente elegante, culta y con un poder adquisitivo del tipo Amancio Ortega. Hasta que empecé a trabajar (ingenua de mí) no caí en la cuenta de que el común de los mortales vive en unos noventa metros cuadrados. Aunque eso evidentemente también supone un gran reto, por ejemplo el conseguir proyectar un dormitorio infantil de diez metros cuadrados en el que ubicar tres camas y que encima el resultado tenga un diseño aceptable debería considerarse casi un deporte olímpico (otra cosa es que a la larga esos pobres niños sufran algún tipo de trastorno por falta de oxigenación). También es divertido lidiar con señoras de cierta edad intentando convencerlas de que los muebles modernos también son elegantes, cuando en realidad ellas aún llaman tresillos a los sofás y no conciben el colocar una mesa de centro sin su correspondiente tapete de ganchillo. O convencer a una pareja joven de que aunque los colores aportan alegría a nuestro hogar, no por ello hace falta pintar cada habitación de un tono diferente cómo si al señor Arco Iris al darle un cólico nos hubiera dejado un pequeño rastro en cada estancia.
Con los años también me he dado cuenta de que la mayor parte de la gente repite los mismos patrones a la hora de decorar y diseñar el interior de su hogar. Por ejemplo la mayoría de las mujeres siempre nos preocupamos de las medidas y distribuciones de los armarios y los hombres de si en ese frente de salón entrará una televisión de 85 pulgadas. La gente joven prefiere sofás enormes donde poder tumbarse y echar la siesta y los de mayor edad mucha capacidad en los muebles para poder guardar todos los cachivaches que han ido coleccionando a lo largo de sus vidas. Y una de las cosas que siempre me han llamado más la atención es que a la hora de diseñar un dormitorio de matrimonio, las mujeres siempre se piden el lado de la cama más cercano a la ventana, dejando a los hombres el lado próximo a la puerta de acceso. Cómo si inconscientemente buscásemos que si se diera el caso de que un ladrón entrara en la habitación fueran ellos los que nos defendieran (o sufrieran primero el ataque).
El caso es que aunque disfruto con mi trabajo, aún me queda esa espinita de poder realizar grandes proyectos. Muchas veces me entretengo proyectando casas imposibles, con enormes ventanales, piscinas y espacios tan grandes como los de veinticinco pisos de VPO unidos. Luego los guardo en una carpeta a la espera de que acierte esos cinco números y dos estrellas que por fin me permitan llevarlos a cabo.




tremenda Nerea, en alguno de los clichés me he sentido identificada…como ne lo del lado de la cama…jajaja, nos vemos por facilisimo
¡ Cuánta razón llevas en todo, Nereaa ! Y en cuantos compromisos te habrá puesto la gente con sus casitas… la de historias que debes tener por contar :))
Como decoradora que eres entiendo que tus ilusiones e ideas esten orientadas a grandes proyectos ( que por cierto, viendo los que cuelgas por aquí, nada tienen que envidiar a las mega casas que salen en los programas de la Sexta ) pero decorar los pisitos que tenemos el resto de los mortales tiene su aquel y también pueden llegar a ser un gran reto.
Yo también soy de las del club del lado de la cama que da a la ventana jejeje :))
De verdad, felicidades por todas las cositas que haces, y no desistas, que nunca se sabe lo que te puede deparar el futuro…
estoy preocupado,yo del lado de la ventana.
No te preocupes, serás la excepción que confirma la regla…
Tus trabajos son excelentes, me encantaron,como puedo aprender
el programa ?